El Culorrotismo de Izquierda

Antes que nada, antes de escribir la primera frase, conviene aclarar algo ya que los paparulos abundan y la hipersensibilidad en estos tiempos aún más. Que quede bien claro: no desconocemos los miles de ejemplos de heroicidad, abnegación y compromiso, la enorme cantidad de militancia que día a día pone su existencia al servicio de la lucha y la organización, pero (como en todo) también existe un lado B en el asunto. Y es ahí es donde nos interesa ahondar, en ese lado B que todos conocemos, que todos en confianza hablamos, que sabemos que existe, pero sin embargo seguimos (en muchos casos) naturalizando.
¿Por qué decimos Culorrotismo? Porque no admite otra definición mucho del comportamiento de buena parte de la militancia de izquierda de los últimos 20 y, por qué no, 30 años. Empecemos a desandar la cuestión: las orgas están integradas por militantes que como todos sabemos se dividen en 2 grupos bien definidos, el militante que encarna una faceta más humana, si se quiere más sensible y más afable. Un tipo de militante que sabe mechar entre la persuasión política y la simple charla, que se arrima a tomar unos mates, que te trae la prensa partidaria y más allá de la charla política (también) se interesa en la vida de su interlocutor, pregunta y sobre todo escucha, es sumamente paciente y caracteriza muy finamente hasta donde da tal a o cual contacto y (esto es mucho muy importante) no va más allá, porque aun en las pequeñas cosas valora al “otro” y lo encuadra en una perspectiva más general.
Sin embargo como también señalamos existe un lado B, y en ese lado B incluimos a otro grupo de militante que todos conocemos y es el famoso T-1000: implacable, frio (como su homónimo cinematográfico) una maquina perfecta de militar, sus contactos son solo eso, contactos a los cuales hay que pasarle la prensa, invitarlo a alguna actividad y después de un tiempo sumarlo a la orga , la cosa humana le es casi indiferente. Inflexible, no registra en su accionar nada fuera de su misión, lo veremos puntual pasando la prensa, pidiendo aportes , enviando whatsapp mecánicamente y sobre todo hablando de la infalibilidad de la línea de su orga. El interlocutor solo es válido (mientras es contacto) si aporta recursos y se va sumando a las actividades que le propone, la cuestión humana y (como dijimos) personal, poco le interesa: él solo busca brazos que construyan como él; desde ya, escucha poco (no le importa) el tiempo que invierte en cada contacto es el justo y necesario.
Solo hay un matiz en su comportamiento: cuando está interesado en algo puntual, es comunicativo...incluso simpático, una vez obtenido lo que necesitaba, puede desaparecer por meses... ¿decir gracias? Jamás! El otro solo es un recurso utilizable. He aquí una clara muestra de Culorrotismo de Izquierda.
Este claro ejemplo de culorrotismo, está íntimamente ligada a la simple y llana mala educación. Obviamente cuando al contacto le cae la ficha de que era solo un recurso descartable del T-1000, se aleja y en muchos casos se transforma en un claro descreído de las ideas revolucionarias ¿Por qué? porque (y con algo de razón) termina razonando que si en chiquito, en lo pequeño, el supuesto adalid de las causas justas, el campeón de la transformación social se comporta como un forro maleducado ¿cómo va a ser cuando encarne una mayor relevancia política? Sin lugar a dudas, un culorroto importante. Simple y llano sentido común.
Avancemos, porque el culorrotismo no se agota en el implacable T-1000; hay otro grupo de culorrotismo de izquierda que es aún más peligroso ya que suele encarnarse en personajes con cierto vuelo intelectual y con mayores responsabilidades políticas, y es en este punto aparece uno de los llamados pecados capitales: sí, aparece la soberbia.
Pero automáticamente surge la pregunta, simple y concreta: ¿Qué tipo de soberbia puede existir en quien lucha por las necesidades de un pueblo oprimido y busca el final de la explotación del hombre por el hombre? Claramente, la lucha revolucionaria es también una lucha altruista, profundamente humana y que solo persigue el bien material y espiritual del proletariado, claro que sí querido lector en teoría debería ser así, pero en este duro camino por derrotar a la Burguesía, aparece este personaje que reiteramos tiene cierto vuelo intelectual por encima de la media y una ínfima,pequeña y micro capacidad de construcción (hay que decirlo): este pintoresco ser cree que esta en Petrogrado al frente de un Soviet, transita su militancia de esa manera, pensando que sus decisiones y escritos harán templar a la burguesía, saca rimbombantes comunicados repudiando injusticias que nadie lee, y llamamientos que (hay que decirlo) tampoco nadie lee. Empieza sonoros debates públicos con otras fuerzas de Izquierda que simplemente lo ignoran o lo toman para el churrete, siendo generalmente estos personajes una fuente inagotable de memes.
Lo que los mantiene firmes en su cruzada es su pequeño grupo de subalternos (entre 15 y 30 generalmente) que serán los fieles ejecutores de sus esclarecedores escritos. Con el paso de los años estos “Referentes” se trasforman en seres oscuros, y oscuros al pedo, porque en su mesianismo no registran no se está debatiendo si hay que fusilar contrarrevolucionarios o planificar la economía del estado obrero; simplemente pierden contacto con la realidad, se encierran en su fantasía, escalan las montañas de la soberbia y terminan siendo denunciados por algún ex miembro de su secta por maltrato. En el medio de todo este derrotero, ejerciendo la soberbia de quien se cree mejor que el resto aleja y utilizan a más de un bien intencionado que se trató de acercar a las ideas revolucionarias, he aquí otra clara muestra de Culorrotismo de Izquierda. Las ideas de transformación sin una humildad diaria en el decir y el hacer, son solo humo.

No nos olvidamos que en este pequeño grupo de soberbios también está el entrañable Culorrotiscagatinta, variable infumable desbordante de conocimiento enciclopédico, que a diferencia del ejemplo anterior es aún más cerrado y con menos subalternos: en el fondo, este último sub grupocree que no necesita a nadie, y diariamente tratan de autochuparse los genitales para llegar al nirvana de la autosuficiencia. Obviamente, estos ejemplares cuando asoman la nariz a la vida real, generalmente terminan con el ano dilatado y paseados en chota por el más rustico elemento del enemigo.
Para ir finalizando este pequeño escrito, abordamos un último ejemplo de culorrotismo, el militante de una orga “grande”: vayamos por partes, hace años que no hay una organización realmente de masas, pero es innegable que un sector de la izquierda ha crecido más que el resto; es el pez grande en la pecera chica, y a su interior obviamente podemos encontrar el T-1000 , pero lo que más solemos encontrar y que cabe bajo la adjetivación de culorrotismo es el militante que cree que como su orga es más numerosa que el resto ( insistimos: dentro de un universo pequeño), considera que todo cuanto dice y hace es infalible, y cualquier opinión distinta a la suya y a la de su organización no merece ser atendida.
Obviamente también aparece aquí la soberbia, pero es una soberbia distinta a la antes descripta: es una soberbia colectiva, de grupo, de pertenencia. Generalmente, este comportamiento se ve más en púberes que están haciendo sus primeras armas, y hasta cierto punto esto es entendible, pero la cosa se complejiza cuando uno se encuentra con boludos que ya peinan canas en los huevos y siguen encarnando este modelo. Otra característica de este grupo, es que al estar convencidos que son infalibles, suelen enturbiar muchas luchas que no pueden dirigir. La clásica, si no dirijo…rompo. He aquí otro claro ejemplo de culorrotismo de izquierda.
Obviamente para no extendernos tanto señalamos que quedan por fuera otros ejemplos que atraviesan el universo de la militancia y el campo popular en toda su extensión, sin embargo mencionaremos brevemente un último modelo a modo de cierre:

El loquito/a, que de lejos se ve que no tiene todos los patitos en fila, y que sin embargo encuentra su ámbito de contención e incluso desarrollo en una orga de izquierda; un delirante que no registra muy bien lo que dice y hace ya que no se encuentra ubicado en tiempo y espacio, un personaje que está más para la atención psiquiátrica que para encarnar las responsabilidades de un militante revolucionario: sin embargo, como señalamos, suele habitar sin mayores problemas la militancia. Obviamente, con el paso del tiempo, invariablemente, termina mandándose cagadas enormes. En ese punto aparecen los comunicados, el desligar responsabilidades y un sinfín de excusas para zafar, obviamente la culpa no es del Loquito/a de izquierda, si no de quienes abren sus puertas sin el menor sentido de responsabilidad: he ahí otro claro ejemplo de culorrotismo de Izquierda.
Finalmente, dejamos para futuras entregas una mayor profundización de ese lado B que tanto cuesta que vea la luz ¿La tarea? empezar a revisar muchas prácticas, ya que si realmente queremos transformar esta realidad tenemos que desterrar para siempre a tanto culorroto que anda suelto: no se trata de pureza; simplemente se trata (como ya dijimos por ahí) de ejercer el más elemental sentido común.
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