La Renga en Calafate
- lacloacawebzine
- 10 abr
- 4 Min. de lectura

A un año del primer recital en Santa Cruz, todavía hay historias que merecen ser contadas. En el último banquete en Parque de la Ciudad, entre amigos y compañeros de ruta, llegaron pequeñas historias de un viaje que les permitió conocer el glaciar y recorres las montañas.
La Renga es una de esas bandas que te hace conocer el país, que te hace compartir con amigos y recordar a los que ya no están. Con un nuevo recital en Gualeguaychu y una nueva gira por el viejo contiene el horizonte sigue marcándonos un camino que tiene corazón.
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Con su cara gastada por el frio viento y con sus tensas y grandes manos, agarraba el bolso como si no pesara nada. Lo despacho en un segundo en el micro, en un solo movimiento pasó del piso al baúl. Al “gracias” sonrió y mientras decía que, gracias a La Renga, por primera vez, el turismo estaba empatado entre argentinos y extranjeros, de fondo, una hoja A4, plastificada y en inglés decía que no tenía sueldo fijo, que solo trabajaba por la propina.
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De casa al trabajo y del trabajo a casa no es vida, dice mientras media el ph de la pileta y le agregaba cloro. Es un oficio que aprendió casi por azar. Él trabajaba de mantenimiento, pero se abrió está posibilidad. Hay solo dos hoteles con pileta, este y Patagonia Roja, afirmaba mientras chequeaba el filtro.
Fue desde Sáenz Peña hace unas temporadas. Trabajar acá es como tener dos trabajos en el Chaco. Por suerte varios amigos vinieron a visitarme.
A fin de temporada vuelve a su provincia. El invierno es crudo. Eso sí, deja pagado los cuatro meses que no está porque es muy difícil conseguir dónde vivir. Todo es para el turismo.
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Trabajo 12hs por días durante seis meses. Los otros seis meses está cerrado el restaurante. Vivís de tus ahorros o te vas. O buscas alguna otra cosa. Yo arranqué limpiando casas, después de bachera. Estuve en un kiosco, en una farmacia y algunas cosas más. Ahora estoy acá. El dueño me da dónde parar, pero ya lo tengo que devolver. Muchos duermen en cuchetas de 3 pisos. Yo por suerte estoy bien. Tengo una pieza, baño y comedor. Y estoy sola. Por un grupo de Facebook vamos buscando laburo y se comenta. Se sabe y se escracha al que te trata mal y no te dan nada, pero muchos van por necesidad.
En Jujuy ganas $400.000, acá, con las propinas, dos millones. Puedo ahorrar, pero hay que ponerle mucha fuerza. Y pasar el invierno que es muy frío. Casi que solo se quedan los maestros y los municipales. Quiero abrir mí negocio, una peluquería. Hacer uñas y depilación. Acá no hay, solo una chica y no da abasto. Muchas se van a Calafate en su franco para hacerse las uñas.
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Por la calle Antonio Soto, pasan pocos turistas. Se encuentra a dos cuadras de la principal, y esto, cómo en cualquier pueblo, es un montón.
No está asfaltada ni tiene cartel indicando su nombre en cada esquina, como en las calles más importantes. Tampoco tiene cervecerías, ni locales de tortas, excursiones o recuerdos.
No es un acto de seguir ensuciando a uno de los referentes obreros más importantes del siglo xx, no. Simplemente es decidía, falta de interés, problemas urbanísticos o un ejemplo más del desarrollo desigual y combinado.
La ex calle 11, que cambia su nombre luego de cruzar una perpendicular importante del pueblo, consta de casi 400 metros, donde se puede ver a niños andando en bicicleta, perros ladrando, algún que otro turista y bastantes lugareños. Mucho silencio, algunas pocas plantas, un montón de tranquilidad y de cielo.
Cómo ironías del destino dirán algunos, como símbolo de la derrota dirán otros, al finalizar la calle, encontramos un nuevo destacamento de prefectura creado en el gobierno de Cristina y Alberto. Por suerte el viento de montaña saca el olor a mierda.
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A poca distancia de dónde se realizó el banquete, en Estancia La Anita, fueron fusilados por el ejército argentino obreros rurales por luchar por sus derechos laborales y sus condiciones de vida.
Era el año 1921, durante el gobierno democrático del radical de Hipólito Irigoyen, cuando se declaró la Huelga General por los peones rurales. Se exigía que se les pague en moneda nacional y no en la inventada por los patrones para ser usadas en sus mercados. También kits de primeros auxilios en castellano, velas a cargo del patrón, colchones distintos a los que usaban los animales y lugares dignos para que vivan sus familias.
Varela y sus hombres llegaron desde Buenos Aires y a pesar de que era la patronal quien no cumplía el convenio colectivo de trabajo firmado poco antes y por él aprobado, no dudo en defender los intereses de la sociedad rural, la cual estaba formada por estancieros argentinos y extranjeros.
El desenlace fue el fusilamiento de 1500 obreros rurales y peones sin ningún tipo de juicio y a pesar de que la pena de muerte estaba prohibida. Así daba sus primeros pasos la democracia argentina. Gracias al trabajo de Osvaldo Bayer y su libro La Patagonia Rebelde, esta historia llega hasta nuestros días.
*Morir queriendo ser libre
Encontrar mi lado salvaje
Ponerle alas a mi destino
Romper los dientes de este engranaje*



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