La democracia de la derrota y la reforma laboral
- lacloacawebzine
- 10 feb
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La democracia de la derrota, aquella que supimos conseguir, luego de la dictadura burguesa-militar en el 83. Democracia burguesa que atenta contra el pueblo trabajador, que atenta contra las mayorías que intentamos vivir con dignidad en este suelo.
De modo general, podemos hacer la siguiente lista: Dos hiperinflaciones (la del gobierno de Menem, borrada de la historia oficial), desempleo estructural, 2001, la precarización laboral y la inflación como una parte de nuestras vidas. Una crisis comienza sin haberse solucionado la anterior. Los ciclos son cada vez más rápidos y la recuperación (que es distinta a crecimiento), son cada vez mas breves e incluyen a menos laburantes.
La Argentina actual, a la cual hay que sumarle la pandemia, no puede borrar de un plumazo el quiebre de lo que fue el ’75, donde se modificó el régimen de acumulación. Donde el capitalismo argentino pasó de una sustitución de industrializaciones (que no viene al caso sus bemoles) a uno de venta de recursos naturales y materias primas, junto a la timba financiera.
Los ganadores son los mismos. La consolidación de un bloque dominante que no ha sufrido grandes modificaciones ni grandes conflictos internos, más allá de algún chispazo que haya salido en los diarios en estos días. Hugo Sigman (Grupo Insud), Alejandro Bulgheroni (Pan American Energy), Luis Perez Companc (Molinos/Pecom), Paolo Rocca (Grupo Techint) Eduardo Eurnekian (Corporación América). También Federico Tomasevich (Grupo Puente), Federico Braun (La Anónima), Gerardo Bartolomé (Grupo Donmario), Marcos Galperín (Mercado Libre), Martín Migoya (Globant) y Eduardo Costantini (mercado inmobiliario). Muchos vienen hace varios años, sin diferenciar si hay gobierno militar, peronista, radical, macrista o ahora Milei. Algunos son los dueños del presente, otros prometen ser los dueños del futuro. Pero solo algunos, los mejores o los que más se esforzaron dirán ellos, salen en la Forbes todos los años, siendo los argentinos más ricos, con miles de millones de dólares.
De nuestro lado, de los laburantes, la realidad es otra: año a año se supera el mínimo histórico de consumo de carne vacuna, el de disminución de hijos, el de cantidad de jubilados con la mínima, el de pibes y pibas que dejan la escuela y ahora hay que agregar una forma nueva que toma el viejo problema de los trabajadores pobres: el multiemplo.
En esta Argentina contemporánea, en que solo es importante exportar para ganar dólares y pagar deuda externa, se base, principalmente, en el gas y el petróleo de Vaca Muerta, en la soja de la Pampa Húmeda y en los minerales de la Cordillera de los Andes. Hay muy poco por fuera de esto. Muy poco para poder encontrar donde vender nuestra fuerza de trabajo. No es casual que, en los últimos años, y potenciado en el gobierno de El Arquero, sean las únicas ramas con tasas positivas. El resto en caída libre, nada de pedo de buzo. Para todo lo demás, existe la Asignación Universal por Hijo. Irónicamente, o quizá la forma devaluada en la que llega la discusión del salario universal a nuestro país, se encuentra en su momento más alto. Si, en el gobierno de Milei. Quizá también, con un objetivo doble: 1) contener a los sectores más golpeados por el salvaje ajuste y sacarlos de la indigencia, pero no de la pobreza 2) correr a los movimientos sociales (antiguamente denominados piqueteros), resabio del 2001, que nadie quiere por intermediar con el intendente o gobernador local y su capacidad de dadiva.
Este fenómeno también se ve reflejado en el mundo gremial, solo basta observar de qué gremios son originarios el actual triunvirato de la CGT y los anteriores. El peso del gremialismo industrial, no es casualidad. Tampoco el de trabajadores registrados y afiliados. “De ser «la columna vertebral del peronismo» para convertirse en algo menos que una prótesis involuntaria” dice uno de los consultados siempre por el Comité Editorial. Más allá de los comentarios que se pueden hacer sobre dicha observación, en la esencia, en su espíritu, es más que correcta.
Esta última cuestión no quita que el algoritmo, la nueva forma científica de organización del trabajo, se apoye sobre esta masa disponible, de trabajadores que no llegan a fin de mes, de trabajadores desocupados o sub ocupados, cobradores de planes, de precarizados de los modos más creativos y proactivos. Nadie recibe órdenes de un celular sin ningún motivo.
Si lo material determina la conciencia, ¿qué ideología pueden poseer los cada vez más trabajadores que cada vez trabajan más y en peores condiciones para cubrir las necesidades biológicas propias y las de su familia? No olvidemos que las personas son en su contexto, donde la capacidad de proponer un destino para la humanidad por parte de la izquierda, no existe. Donde la inserción de la misma, es mínimo y lejos de las ramas principales de la actividad económica de nuestro país. La derrota ideológica se suma a la lista.

Las fuerzas represivas están siendo utilizadas como hace mucho no sucedía. Esto no quita que una fuerza cada vez más pauperizada en sus condiciones de vida, no sea una bomba de tiempo. Reprimir jubilados, discapacitados y laburantes que pierden su trabajo, no es sostenible en el tiempo cobrando miserias. No es una “otredad” piquetera, negros o comunistas, son potencialmente ellos o sus familiares. Algo similar pasa en el ejército, con bajas importantes y problemas con la obra social. El recambio de ministros nacionales, sin dudas tiene algo que ver con esto. Para complementar, la SIDE no para de aumentar su presupuesto a pesar del imperativo categórico de “déficit cero”. En un mundo tan movido como el actual, lejos de concentrarse en algo parecido a intereses nacionales, se dedican a los carpetazos, espiar celulares y ahora poseen la capacidad de detención. Nada es casual, hay cuestiones que solo cierran con represión y persecución.
En este contexto, se puso sobre la mesa una reforma laboral que busca atacar derechos colectivos e individuales, donde solo se busca aumentar la maldita plusvalía, pero se habla de modernizar a pesar de que varias modificaciones propuestas se habían dejado atrás hace 100 años.
La tarea siempre es resistir, organizarse contra esta nueva trompada a la jeta, junto a los compañeros de trabajo, de estudio, del barrio, del club, de jubilados y de cualquier baldosa donde uno este parado. De no confiar en ningún dirigente que sea en parte responsable de la situación actual y de la futura miseria planificada, no confiar en ninguna variante burguesa, porque a esta altura ya sabemos que la única variable del ajuste siempre somos los trabajadores. Vivimos en un País rico con infinidad de recursos, recursos que nunca llegan a la mesa (y a la vida) de los laburantes. Tenemos que organizarnos, pero también no volver a caer en fórmulas que nos han llevado al fracaso sistemático, tenemos que volver a confiar en nuestra fuerza como clase, volver a enfrentar a quienes solo nos pueden garantizar más miseria. Sabemos que estamos en un punto muy difícil de la historia, sabemos que hay mucho desanimo en los laburantes y sabemos que también de este lado de la barricada, tenemos sectores más preocupados en juntar votos que en realmente luchar por lo nuestro. Sin embargo sabemos que no estamos en cero, tenemos una larga historia de lucha, y más pronto que tarde se va a hacer imprescindible recuperar nuestras mejores tradiciones. Está en cada uno, en cada hombre y mujer de nuestro pueblo volver a preguntarse qué queremos hacer y sobre todo qué futuro le queremos dejar a quienes vengan después que nosotros.



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